La hipertensión arterial es una enfermedad frecuente en las personas obesas y se produce por el aumento de presión sanguínea en las arterias. Las causas más importantes para su aparición son: tener padres o hermanos con este padecimiento, ser diabético, tener poca o nula actividad física, presentar sobrepeso u obesidad, fumar, consumir bebidas alcohólicas y otras drogas, comer en forma excesiva sal o alimentos enlatados, ahumados o embutidos, manejar inadecuadamente las tensiones o preocupaciones derivadas del ambiente familiar y laboral, tener problemas económicos o de relación personal.
Los síntomas más frecuentes de la presión alta son: dolor de cabeza, zumbido de oídos, mareos, ver lucecitas o destellos, depresión y angustia, palpitaciones y sudoración; en ocasiones puede tener el padecimiento sin que se presenten estos síntomas.
Las complicaciones más frecuentes de la hipertensión arterial se presentan cuando no se lleva un control adecuado y los órganos más afectados son: corazón, ojos, cerebro, vasos sanguíneos, riñón, etcétera. Es recomendable realizarse una revisión anualmente, acudiendo al servicio de medicina preventiva o con su médico familiar.
En condiciones normales la presión sanguínea de un adulto tiene dos límites; la máxima o sistólica de 120 a 139 milímetros de mercurio y la mínima o diastólica de 80 a 89. Se requiere por lo menos de dos mediciones de la presión arterial en donde ésta se encuentre elevada por arriba de las cifras normales, en dos diferentes ocasiones, para que se diagnostique esta enfermedad.
